Os lo confieso de primeras: siempre he sido un fanático9 de la saga NBA Live. Desde que vi aquel primitivo Lakers vs. Celtics and the NBA Playoffs (1989), quedé
prendado del simulador de básket de Electronic Arts. Por eso, año tras año, acudí presto a la cita anual con el juego, seguro de estar ante el mejor producto del sector. A veces las entregas eran más flojas que otras, circunstancia que solucioné alargando ediciones viejas a base de actualizaciones. Por ejemplo, seguí jugando al NBA Live 2001 hasta que salió el 2004, porque lo prefería a las ediciones que salieron por el medio.
En cualquier caso, siempre estaba seguro de tener el mejor juego de baloncesto del momento entre mis manos. Nadie ponía en duda esto. A veces surgían dignos oponentes como NBA Jam (1993), PC Basket 2.0 (1994) o NBA Give n' Go (1995), si bien no resultaban más que fugaces destellos en el horizonte. Normalmente estos juegos no tenían continuidad o su calidad variaba demasiado entre una y otra entrega.
Los datos
De hecho la regularidad era la principal baza de la serie NBA Live: todos sabían que iba a haber uno por año y que se parecería bastante a su sucesor. Podeis comprobar esta dinámica con el gráfico de debajo, elaborado con las notas medias del portal Metacritic:
Como se puede comprobar, la franquicia de EA se mantuvo entre el notable y el sobresaliente hasta 2005, cuando sus notas empezaron a hablar de "bien". Fue en ese momento, ya hace seis años, cuando los aficionados empezaron a cuestionar los nuevos juegos, pues advertían que la calidad estaba descendiendo y que solo el apartado gráfico mantenía el tipo año tras año. Corrió el rumor de NBA 2K no era un acierto aislado, sino una serie que estaba aquí para desbancar a NBA Live, el Rey de Reyes.
Personalmente me mantuve fiel a NBA Live hasta 2008. Pensaba que sí, que 2K quizá tuviese un arcade espectacular y que, seguro, los efectos gráficos y sonoros eran mejores, pero que en profundidad de juego no había color.
Me equivoqué.
Tras jugar a NBA 2K9 (2008) vi la luz: aquello superaba, con mucho, al NBA Live de turno. La franquicia acaba de pasar de las manos de Sega a las de 2K Sports y, aunque se veían ciertos aspectos por pulir, era notorio que caminaban por la senda correcta. Echad un ojo a sus calificaciones, también extraídas de Megacritic:
Queda patente que, en términos estadísticos, el suelo de NBA 2K, en torno al 80 de valoración media, es también el techo de NBA Live. Así, si los Live se movían en torno al notable, es justo reconocer el sobresaliente a los 2K. En este último gráfico, que aúna los otros, pueden verse mejor las diferencias:
No obstante, todos confiábamos en la reacción de EA Sports. Tenían más experiencia que nadie en el género y estaban demostrando ser capaces de resucitar FIFA, una franquicia que parecía herida de muerte tras su guerra con Pro Evolution Soccer. Y, después de acercarse a su rival en la edición de 2009, el mundo esperaba el golpe de timón de Redwood, el giro a la saga que les haría recuperar el trono sobre el parquet...
Verano de 2009: el punto de inflexión
Por entonces yo trabajaba como periodista en el sector de los videojuegos y no os engaño si os digo que teníamos un ojo puesto en 2K Sports y otro en EA Sports. Aquella entrega sería definitiva para el futuro: si ganaba EA la batalla se recrudecía, pero un triunfo de 2K auguraba insurrección en la Corte. Era una rivalidad apasionante, porque ambas compañías tenían recursos, experiencia y magnitud para sacar el mejor simulador deportivo visto nunca.
Finalmente, quizá por la presión sobre los equipos de programación, las dos optaron por la línea conservadora. Tanto NBA Live 10 como NBA 2K10 fueron meras actualizaciones de las versiones anteriores, lo que produjo una reacción distinta entre los aficionados y expertos. Sucedía que 2K venía en una línea ascendente y su nuevo producto fue considerado una versión pulida y ampliada de su joya. Todo lo contrario pasó con EA, de la que todos esperábamos mucho más. Para muchos, los padres de Lakers vs. Celtics and the NBA Playoffs (1989) estaban reconociendo, con NBA Live 10, que se conformaban con un plácido segundo puesto. Fuentes de la compañía llegaron a asegurar en círculos profesionales que, "solo por el prestigio del nombre", la franquicia aguantaría el tirón de 2K.
Ellos se equivocaron.
NBA Live 10 era un buen juego, muy completo; el problema era que NBA 2K10 fue la hostia.
De esta forma se abrió una grieta entre ambas sagas que nadie ha conseguido cerrar hasta el momento. Desde la misma atalaya profesional aguardé, el pasado verano, a la respuesta de EA. Esta vez sí estaba seguro de que sería contundente. Desde Redwood abrieron fuego pronto anunciando que NBA Live pasaba a llamarse NBA Elite. Once años después la franquicia cambiaba de nombre, lo que significaba, de entrada, admitir que NBA Live ya no tenía fuerza de mercado. Cuando recordé la conversación de que "solo por el nombre" mantendrían el tipo, descubrí que EA había perdido la confianza en su producto. Además sus notas de prensa aseguraban que la remodelación iba a ser importante, circunstancia que confirmaron al añadir un remedo de NBA Jam con el juego.
La noticia de la revolución de NBA Live corrió como la pólvora en el sector. Era obvio que EA Sports, ese gigante de 339 millones de dólares, estaba a punto de jugarse a una carta una de sus franquicias estrella. En esos días creció el hype de un público ávido por verla resurgir cual Ave Fénix. El ambiente era de optimismo, aunque yo estaba cada vez más mosqueado.
Percibí demasiada inestabilidad en los pasos de la compañía respecto al cambio y lo peor, lo que más me tenía en vilo, es que 2K aún no había abierto la boca. Y cuando lo hizo fue para soplar con un viento huracanado: la portada y un modo de juego corrían a cargo de Michael Jordan. Más tarde, la empresa con sede en Nueva York envió un tráiler a los medios que lucía así:
No necesité ni identificar Sirius, décadas después, para que mi mandíbula cayese por debajo del nivel del mar. Poco después, ya con la demo en la mano, asumí que era el final de NBA Live y, por ende, de la nonata NBA Elite. Si yo, que prácticamente era un fan boy de los Live, estaba convencido del cambio, el resto del público lo debía ver cristalino. Después de esta maravilla solo quedaba esperar el milagro de EA. ¿Tendrían algo entre manos que superase a NBA 2K11?
El silencio
Nadie dijo ni mú en Redwood. El silencio de sus parlanchines gabinetes puso a la prensa en la peor de las sospechas: NBA Elite no estaba a la altura y sus responsables lo sabían. Al cabo de unos días, el primer retraso. Al mes, otro. Habría una última prorróga que situaba el lanzamiento en enero de 2011, casi cuatro meses después de que NBA 2K11 llegase a las tiendas. Finalmente llegó la confirmación del colapso: el juego era cancelado y, por primera vez desde 1989, EA Sports no lanzaría este año un simulador de baloncesto.
Fue Andrew Wilson, de la propia EA, quien puso palabras a la intuación general:
"Estamos orgullosos de haber tenido el valor para no poner algo en la calle que realmente no era bueno. Sencillamente, es que iba a ser un juego muy malo. [...] Creo que la meta de reinventar el cómo se juega a los títulos de baloncesto y darle al jugador mucho más control sobre lo que ocurre en pantalla, era algo que necesitaba más tiempo del que tuvimos. Sabíamos que la meta era agresiva, pero al mismo tiempo creíamos que era lo suficientemente importante para el jugador que ya está cansado de jugar de una forma similar a este tipo de juegos durante mucho tiempo".
Tras la abdicación, NBA 2K se erige como el soberano absoluto sobre los parquets digitales. Pero queda en el aire la pregunta del millón: ¿habrá respuesta, por fin, de EA?
Ellos dicen que sí. Yo lo dudo mucho, al menos a corto plazo.
Veamos quién se equivoca ahora.
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2 comentarios:
Lo leeré con calma, pero tiene MUY BUENA PINTA.
Muy buena reseña compañero :p
He disfrutado mucho con su lectura.
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